
A pocos kilómetros de Macas, en plena provincia de Morona Santiago, la Reserva Ecológica Nantar ofrece una de esas experiencias donde la selva amazónica y la cultura Shuar conviven en un mismo espacio. Es un destino aún poco conocido fuera de la zona, ideal para quienes buscan algo distinto a los circuitos turísticos más transitados de la Amazonía ecuatoriana.
Cómo llegar
La reserva está ubicada en el Sector de San Vicente, dentro del cantón Sevilla Don Bosco, a aproximadamente 12 kilómetros al noreste de la ciudad de Macas, en territorio de la comunidad Shuar Unturu Entza. Se encuentra a 1052 m.s.n.m., con un clima templado que oscila entre los 20°C y 22°C durante todo el año, y una precipitación pluviométrica considerable entre 2500 y 3000 mm anuales, típica de la Amazonía.
Llegar hasta la reserva no es inmediato: Nantar se ubica justo donde confluyen los ríos Yukipa y Wichimi, El acceso combina distintos tramos. Primero se navega en canoa a remo durante unos 15 minutos, y luego continúa una caminata de al menos 2 kilómetros a lo largo de las riberas del río Wichimi. Es parte de la experiencia: un ingreso pausado al bosque que ayuda a entender por qué este lugar se mantiene tan bien conservado.

Qué hace especial a Nantar
Nantar es una reserva ecológica privada compuesta por bosque primario y secundario, atravesada por los ríos navegables Yukipa y Wichimi, en territorio de la comunidad Shuar Unturu Entza, dentro del cantón Sevilla Don Bosco. Su entorno combina naturaleza poco intervenida con presencia de cultura Shuar, lo que la convierte en un punto de interés tanto para los que buscan inmersión en la selva como para quienes quieren conocer de cerca las tradiciones de una de las nacionalidades indígenas más numerosas de la Amazonía ecuatoriana.
Lo que distingue a Nantar de otras reservas de la zona y de la región Amazónica, es su modelo de conservación: en lugar de talar árboles, se adopta.
En una provincia con altos niveles de deforestación, este sistema permite financiar directamente la protección de 60 hectáreas de bosque primario, a través de aportes de personas de distintas partes del mundo.
El programa de adopción de árboles
La idea nació en 2011, en medio de una necesidad económica del propietario de la reserva, Rafael Telcan, quien le comentó su situación a un turista suizo. Ese turista decidió apoyarlo con un aporte y ese gesto marcó el inicio de lo que hoy es el sistema de adopción de árboles de Nantar.
Según una investigación realizada por la periodista de Pastaza, Johana Duche, 34 árboles han sido adoptados por personas de nueve países distintos, entre ellos: Eslovaquia, Suiza, Francia y Países Bajos, además de ecuatorianos de Cuenca, Guayaquil y Tulcán.
El costo de adopción va de 1,000 a 15,000 dólares según la edad del árbol; todos con un mínimo de 10 años, con los valores más altos correspondientes a ejemplares que superan el siglo de vida.

El proceso incluye un aporte inicial y contribuciones anuales posteriores. A cambio, cada adoptante recibe un certificado virtual con las coordenadas exactas de su árbol asignado, además de una marca en la corteza que indica que alguien, desde otro lugar del mundo, se comprometió a mantenerlo en pie.
Juan Carlos Flores, guía turístico de la reserva, explica el proceso así: «una vez que se comunican con nosotros, le preguntamos qué tipo de árbol está buscando, por qué razón desea adoptar, cómo se enteró de nosotros… y nosotros o le asignamos uno, o le invitamos a que visite nuestra reserva, se enamore, busque un árbol, lo abrace y se enamore del árbol, o si le quiere regalar a alguien».
En el recorrido hacia el interior del bosque abundan los copales, de troncos que con los años han tomado formas curvas, además de canelos, laureles, jicopos y al menos 30 tipos de árboles distintos. Tras tres horas de recorrido, finalmente aparece el símbolo principal de la reserva: un árbol llamado ficus de aproximadamente 500 años, muy famoso por sus imponentes raíces, que se asemejan a las de un dinosaurio y emergen casi 100 metros antes de llegar al árbol, con un tronco de más de 4 metros de diámetro y una copa que supera los 80 metros de altura.
Actividades que se pueden realizar
Aunque Nantar no publica un catálogo fijo de actividades, operadores turísticos que trabajan en esta misma zona del río Yukipa, cerca de la comunidad Shuar de San Vicente, ofrecen experiencias que suelen incluir:
- Caminatas guiadas por bosque primario, para conocer de cerca la flora y fauna local.
- Interacción con la comunidad Shuar, incluyendo actividades culturales y gastronómicas.
- Paseo en balsa por el río, seguido de un baño en sus aguas.
- Explicaciones sobre plantas medicinales, a cargo de guías locales con conocimiento ancestral de la selva.
- Alojamiento en cabañas dentro o cerca del entorno natural, para quienes deseen extender la experiencia más de un día.

Flora y fauna
El bosque protegido por Nantar alberga cerca de 500 especies de aves, entre ellas 34 tipos de colibríes. El ficus centenario que sirve de símbolo a la reserva es, en sí mismo, un ecosistema completo.
Rafael Telcan, propietario de la reserva, lo describe así: «el árbol tiene vida por sí solo en orquídeas, musgos, líquenes… muchas especies de plantas. Seguido a esto, dentro de ella están también nidos de las aves o algunos animales, como monos nocturnos, que también duermen».

Costos y reservas
Nantar ofrece dos formas distintas de involucrarte con la reserva y conviene no confundirlas:
- Visitas y actividades turísticas (caminatas, recorrido al árbol ficus, interacción con la comunidad): los precios no están publicados de forma fija y se cotizan directamente según duración de la visita y número de personas, algo común entre los operadores de la zona de Macas.
- Adopción de árboles: este programa sí tiene un rango de precio conocido que va de 1.000 a 15.000 dólares según la edad del ejemplar, con un aporte inicial más contribuciones anuales.

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